Ir al contenido principal

Avaricia y gurús


El conspicuo economista norteamericano John Kenneth Galbraith solía decir de quienes hablaban con seguridad sobre economía que se dividían en dos grupos: los que no saben y los que no saben que no saben. En su obra “Breve historia de la euforia financiera” cita ejemplos de épocas de entusiasmo económico y financiero en las que siempre hubo insignes economistas (incluso algún premio Nobel) que no dudaban en disertar acerca de los fundamentos inapelables que las justificaban y hacían posibles, casi siempre justo antes de la catástrofe que pone fin invariablemente a dichas épocas. Muchos de esos 'sabios' o 'gurús' se implicaban personalmente en las especulaciones y algunos de ellos acabaron arruinados o en la cárcel o ambas cosas. El mecanismo de las burbujas especulativas siempre es el mismo y la amnesia de los especuladores también. Por desgracia para los ciudadanos, que somos quienes en último término sufrimos las desastrosas consecuencias, el final abrupto y desolador tampoco falta nunca y solo varía en la intensidad de su capacidad devastadora. Luego, cuando ya el mal está hecho, tampoco faltan analistas que encuentren fenómenos sociales cuya anomalía explicaría lo ocurrido, pero siempre -y esto también es una norma- se olvidan de mencionar el afán de lucro sin esfuerzo y el efecto contagioso de la codicia como principales y hasta únicos causantes de tan lamentables situaciones que tanta pobreza generan y cuyos efectos siempre sufren quienes nada tuvieron que ver con las causas: las clases medias y bajas de la pirámide social. Los mercados precisan de una regulación que impida a unos cuantos avaros sin escrúpulos arruinar países enteros, porque esa gentuza para colmo tiene suerte y se recupera con el tiempo, ese tiempo en el que tantos otros sin tanto poder se dejan la vida misma por el camino.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resumen de un cuento de fantasmas

Me encantan los cuentos de fantasma. Aquí les apunto uno de los más sintéticos de Washington Irving, “El estudiante alemán”, que H.P. Lovecraft clasificó como ejemplo de la “Desposada cadáver”, tomado de la compilación “Fantasmas” de Eduardo Berti..
En “El estudiante alemán”, el joven Gottfried Wolfgang es un apasionado de la lectura que cree en un mundo imaginario al margen del mundo real y que todas las noches sueña con un mismo rostro de mujer. En el inicio del relato, Wolfgang camina por las calles de la Francia revolucionaria cuando, al llegar a una plaza, ve una persona junto a una guillotina. Para su asombro, la persona es la mujer con la que él sueña y de la cual se ha enamorado. Wolfgang y la mujer mantienen este diálogo:

-¡No tengo amigos sobre la tierra! -dijo ella. -Pero tiene hogar -replicó Wolfgang. -Sí, ¡en la tumba!

El estudiante recoge a la mujer y le ofrece que vivan juntos para siempre. “¿Para siempre?”, pregunta la desconocida, con solemnidad. “¡Para siempre!”, repite W…

Me pregunto

Llevo ya seis años con esto de la escritura. Me pregunto cómo no descubrí a más temprana edad esta vocación. Me pregunto cómo descubriéndola tan tarde no me doy más prisa. Me pregunto a cuento de qué esos miedos que tanto me paralizan. Me pregunto si ser un inmaduro me sujeta la pluma. Me pregunto si antes de que lo fuera algo me la podría sujetar. Me pregunto por el convencimiento del sentido de uno en la vida, que nunca llega porque tal vez no lo haya, a pesar de Viktor Frankel y sus teorías persuasivas. Me pregunto si uno escribe porque ese es su sentido o para descubrir cuál es. Me pregunto por qué desde chico leo tanto, y por qué lo sigo haciendo a pesar de que ya no todo -ni, por desgracia, una parte menor- lo que leo me hechiza. Me pregunto si el hechizo es la finalidad de la escritura, un hechizo justificado así solo lo sienta un solo lector, o solo el escritor. Me pregunto si dar vueltas a las cosas me modifica, me hace mejor. Me pregunto de nuevo si el sol sale para que veam…

Transcribo el prólogo de la autobiografía del filósofo Bertrand Russell escrito por él mismo: PARA QUÉ HE VIVIDO

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad,esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura místicala visión anticipada del cielo que han que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- …