Vas de hotel en hotel
buscando un refugio definitivo, una estancia que te haga evocar un
hogar, un plácido remanso de paz que mitigue tus dolencias por los
siglos de los siglos. Cada hotel te ofrece una promesa más deseada
que real. Cada hotel acaba con tus sueños como una amante con prisas
y al final hastiada. Búscate una casa propia, desgraciado, donde
esconder tus miserias y sin testigos de tu banalidad, una casa que
guarde tus secretos y tal vez ilumine tu incierto camino hacia la
muerte. Un hotel que sustituya tu vaga idea de una paz otoñal en una
casa plena de matices, de recuerdos, de felicidad. Hoteles así solo
hay en tus sueños, donde dormido vives tu auténtica realidad,
hoteles de paso, hoteles de invierno, hoteles cerrados al mundo real.
En París y Roma, El Cairo y Alejandría, en Amsterdam y en Siracusa,
donde se quiera buscar, habrá siempre un soñador con cara triste en
un hotel que solo admite clientes que no saben adónde van. Porque yo
transito la tierra sin destino fijo, sin planes concretos, sin misión
alguna, sin finalidad; y aunque finalizo todos mis viajes solo uno de
ellos he de culminar con una sonrisa de deber cumplido, y un guiño a
la muerte que ella entenderá.
Las molestias corporales, cuando por algún motivo se enquistan y se vuelven insidiosas, desmejoran notablemente la calidad de vida. Yo, por ejemplo, debido a una pequeña pero irreductible infección que se manifiesta en forma de perenne cansancio, me veo impedido para escribir mi obra maestra y, quién sabe, tal vez la piedra angular de la literatura del siglo XXI. Nadie recordará dentro unos años (¡qué digo! Unos meses y gracias) las inserciones banales en un blog de un aspirante a escritor. Pero si pudiera escribir esa obra excelsa, es más que probable que estas escasas líneas se subastasen algún día en Sotheby’s y que algún potentado con tanto talento para los negocios como escaso criterio para la apreciación del arte pagase por ellas una fortuna. A veces, muchas veces en mi opinión, la fama es cuestión de detalles, como conocer a la persona adecuada en el momento oportuno, o con más probabilidad ser hijo, sobrino, cuñado o amante de la querida de un subsecretario con menos méritos ...
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