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Que te den

Hay maneras y maneras de decir las cosas. Cada uno las dice como puede, quiere o sabe. A mí me gustan las maneras de los que solo pueden expresarse de un modo, el que les dictan sus corazones. Son , valga la redundancia, todo corazón. A estas personas
no les echo cuenta si dicen algún exabrupto; si, digamos, suenan a brutos o incluso lo son. Al margen de la razón que pueda o no asistir a sus argumentos destilan sinceridad, son buena gente. Nada que ver con los que se saben expresar a medida, porque utilizan sus saberes para manipular las disputas verbales, que de ser escritas se llamarían polémicas -les invito a buscar la diferencia semántica entre ambas palabras en un buen diccionario-. Pero lo que más me divierte es oír razones muy cuestionables expresadas bajo la ira del momento, por personas que están acostumbradas a la cortesía. A eso le llamo yo hipocresía de lapsus, es decir, que por un momento de secuestro emocional sacan ellos a relucir sus verdaderos sentimientos prescindiendo, intuyo que a su pesar, de las buenas maneras, que pretenden recobrar cuanto antes, pero para entonces ya es tarde. La gente no es tonta, tontolculo, salvo yo que soy muy tonto, y que al escribir esto estoy mandando a tomar por saco a un listo muy listo que se ha pasado y retratado en unos escasos quince minutos. Adiós, goodbye my friend, que te vayan dando por donde amargan los pepinos.

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