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Anécdota sobre Dalí


Refiere Fernando Arrabal una anécdota sobre Dalí que tal vez arroje alguna luz sobre la compleja personalidad del pintor. Según cuenta el escritor se encontraban ambos en Nueva York y Dalí invitó a Arrabal a una fiesta privada en la que era muy posible que se dieran prácticas orgiásticas.


Fernando le confesó a Dalí que en aquella época era casto y le gustaría seguir siéndolo, así que prefería no asistir a la fiesta. Dalí no dudó en afirmar con su acostumbrada vehemencia que él iba solo por las copas y que de ningún modo estaba interesado en el sexo, al menos no en esa clase de sexo. Tras algún tira y afloja Arrabal accedió a acompañar a Dalí al evento. Refiere Arrabal que nada más entrar en el apartamento donde se celebraba la juerga se toparon con una dama completamente desnuda y a cuatro patas, con la popa apuntando hacia ellos. Dalí se quitó junto a su ropa todo escrúpulo (si es que lo había tenido) y se lanzó sobre la chica olvidando por completo a Arrabal y la promesa que le había hecho. Y así estuvo, dale que te pego, hasta que finalizó la fiesta. Luego se vistió y se compuso pulcramente el bigote, el pelo engominado, y el atuendo. Pasó su brazo por el del aturdido y cansado Arrabal y regresaron paseando y hablando de banalidades en la fría madrugada neoyorquina.

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