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Al revés

A veces pienso que…que…que… Bueno, a veces pienso. Por ejemplo, hoy me ha dado por pensar qué ocurriría si pudiéramos invertir el curso natural del tiempo. No tengo muy claro cómo sería eso, pero a efectos de imaginar paridas da mucho juego. Yo podría, un poner, escribir un libro de poemas que se titulase, digamos ‘Prosas profanas’, y acto seguido denunciar por plagio a un pillastre que se llamara Rubén Darío para sacarle unos cuartos. O, echándole estómago, hacer la corte a la hoy añosa y ajada Lauren Bacall para, llegado el momento, poder sacar pecho paseando abrazado a ella, de nuevo lozana y hermosa, ante las narices de un pasmado Humphrey Bogart. O hacerme cargo de toda las hipotecas ‘subprime’ que mi capital me permitiese para convertirme en archimillonario hace un par de años.

Si el vendaval de la vida me zarandease podría consolarme sabiendo que treinta años atrás seré otra vez un niño feliz. Y si tú acabas por abandonarme te advierto que hace doce años no se me ocurrirá invitarte al cine un uno de enero y te perderás una velada mágica en una noche de lluvia plateada que no empapará tu corazón, embriagándolo con el néctar de las ilusiones que nunca caducan.

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Me encantan los cuentos de fantasma. Aquí les apunto uno de los más sintéticos de Washington Irving, “El estudiante alemán”, que H.P. Lovecraft clasificó como ejemplo de la “Desposada cadáver”, tomado de la compilación “Fantasmas” de Eduardo Berti..
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-¡No tengo amigos sobre la tierra! -dijo ella. -Pero tiene hogar -replicó Wolfgang. -Sí, ¡en la tumba!

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Me pregunto

Llevo ya seis años con esto de la escritura. Me pregunto cómo no descubrí a más temprana edad esta vocación. Me pregunto cómo descubriéndola tan tarde no me doy más prisa. Me pregunto a cuento de qué esos miedos que tanto me paralizan. Me pregunto si ser un inmaduro me sujeta la pluma. Me pregunto si antes de que lo fuera algo me la podría sujetar. Me pregunto por el convencimiento del sentido de uno en la vida, que nunca llega porque tal vez no lo haya, a pesar de Viktor Frankel y sus teorías persuasivas. Me pregunto si uno escribe porque ese es su sentido o para descubrir cuál es. Me pregunto por qué desde chico leo tanto, y por qué lo sigo haciendo a pesar de que ya no todo -ni, por desgracia, una parte menor- lo que leo me hechiza. Me pregunto si el hechizo es la finalidad de la escritura, un hechizo justificado así solo lo sienta un solo lector, o solo el escritor. Me pregunto si dar vueltas a las cosas me modifica, me hace mejor. Me pregunto de nuevo si el sol sale para que veam…

Un cuento epistolar

Querida Montse: Ya sabes el motivo que me impulsa a emprender este viaje, así que no mencionaré más el tema para no violentarte; sólo espero que a mi vuelta el tiempo y tu acentuada capacidad de discernimiento te hayan hecho reflexionar sobre el futuro de nuestra relación -de momento, y para mi congoja, inexistente. He decidido que voy a escribir una carta al final de cada jornada en la que te relataré lo que la misma haya tenido digno de destacar, así como mis pensamientos e impresiones del día. Después te las iré enviando, o tal vez no, tal vez me las guarde y nunca sepas de ellas, como no sabes de la verdadera dimensión del amor que te profeso, ingrata musa testaruda y esquiva, lucero de mi mañana, estrella polar de mis noches insomnes, alma gemela; siento en lo más profundo de mi ser que tu corazón de pedernal tiene una coraza a prueba de halagos, pero yo descubriré un resquicio, una mínima grieta en esa armadura para filtrar por ella mi hechizo de amor, para cautivarte con artes …