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Dice Bvalltu

Dice Bvalltu:

 Pasan los años llevándose jirones de mi piel, despojándome de mi ceñida envoltura, desnudándome y abriendo paso a la luz hasta mi carne lacerada, palpitante y cruda;  y hasta mis venas como infinitos afluentes sinuosos que llevan alimento a mis moléculas, a mis células, a mis entrañas, y aportan aún vida a esta vida que consumo sin delicadeza, alimentando a un organismo que no es ya sino un conglomerado de heridas, dolores y recuerdos, que continúa latiendo por inercia, replicando al tictac de lo relojes, perdido y ciego en este mundo plano, llano, sin horizonte. Lejanos rumores de esperanza ensanchan de tarde en tarde un poco más mi enorme llaga con su remisión temprana. Vivo rodeado por falsas alarmas, embozado en una frazada y acostado sobre una cama dura y fría de arpillera, soportando el paso de las horas, el peso de mi memoria y la angustia de saberme solo, irremisiblemente solo bajo las estrellas, aguardando, siempre aguardando, una señal, una ráfaga fugaz de luz de aurora, un sonido de otro infierno menos frío, el gemido estremecido y moribundo de un gato que agoniza en el callejón, bajo una lluvia pegajosa y húmeda como el beso de una serpiente. Añoro los recuerdos que me han robado, siento como un puñal de fuego el hueco que han dejado y que ahora habita el olvido, ese olvido que es tan doloroso como la promesa que nunca cumplí, tan insoportable como un órgano trasplantado que el cuerpo rechaza, tan abismal y tenebroso como la densidad de los océanos, tan inevitable como el miedo. Con la certeza de que nada nuevo en el universo sucederá sin yo sufrirlo, me aferro a mi manta y trato de ahuyentar a los demonios que me llaman con cantos obscenos para poder dormir sin sueños sobre mis despojos.

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