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Dice Bvalltu

Dice Bvalltu:

 Pasan los años llevándose jirones de mi piel, despojándome de mi ceñida envoltura, desnudándome y abriendo paso a la luz hasta mi carne lacerada, palpitante y cruda;  y hasta mis venas como infinitos afluentes sinuosos que llevan alimento a mis moléculas, a mis células, a mis entrañas, y aportan aún vida a esta vida que consumo sin delicadeza, alimentando a un organismo que no es ya sino un conglomerado de heridas, dolores y recuerdos, que continúa latiendo por inercia, replicando al tictac de lo relojes, perdido y ciego en este mundo plano, llano, sin horizonte. Lejanos rumores de esperanza ensanchan de tarde en tarde un poco más mi enorme llaga con su remisión temprana. Vivo rodeado por falsas alarmas, embozado en una frazada y acostado sobre una cama dura y fría de arpillera, soportando el paso de las horas, el peso de mi memoria y la angustia de saberme solo, irremisiblemente solo bajo las estrellas, aguardando, siempre aguardando, una señal, una ráfaga fugaz de luz de aurora, un sonido de otro infierno menos frío, el gemido estremecido y moribundo de un gato que agoniza en el callejón, bajo una lluvia pegajosa y húmeda como el beso de una serpiente. Añoro los recuerdos que me han robado, siento como un puñal de fuego el hueco que han dejado y que ahora habita el olvido, ese olvido que es tan doloroso como la promesa que nunca cumplí, tan insoportable como un órgano trasplantado que el cuerpo rechaza, tan abismal y tenebroso como la densidad de los océanos, tan inevitable como el miedo. Con la certeza de que nada nuevo en el universo sucederá sin yo sufrirlo, me aferro a mi manta y trato de ahuyentar a los demonios que me llaman con cantos obscenos para poder dormir sin sueños sobre mis despojos.

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Querida Montse: Ya sabes el motivo que me impulsa a emprender este viaje, así que no mencionaré más el tema para no violentarte; sólo espero que a mi vuelta el tiempo y tu acentuada capacidad de discernimiento te hayan hecho reflexionar sobre el futuro de nuestra relación -de momento, y para mi congoja, inexistente. He decidido que voy a escribir una carta al final de cada jornada en la que te relataré lo que la misma haya tenido digno de destacar, así como mis pensamientos e impresiones del día. Después te las iré enviando, o tal vez no, tal vez me las guarde y nunca sepas de ellas, como no sabes de la verdadera dimensión del amor que te profeso, ingrata musa testaruda y esquiva, lucero de mi mañana, estrella polar de mis noches insomnes, alma gemela; siento en lo más profundo de mi ser que tu corazón de pedernal tiene una coraza a prueba de halagos, pero yo descubriré un resquicio, una mínima grieta en esa armadura para filtrar por ella mi hechizo de amor, para cautivarte con artes …