Ir al contenido principal

Hipocresía

 Sé que divago en mis simplezas, pero aún así me parece escandaloso el miedo que las grandes potencias muestran hacia Gadafi. Que no es porque el hombre se comporte como cualquier dictador en sus cabales haría, sino porque es como si la situación de conflicto en el país del 'que reconcilió el islam con el comunismo' -ahí es nada- pillara a esas supernaciones en ropa interior y con el paso cambiado. Gadafi tiene la virtud de ser previsible, otra cosa es que los responsables de asuntos internacionales no hayan querido prestar la debida atención a su previsibilidad, o que habiéndolo hecho, sus superiores -siempre políticos con horizontes cortoplacistas- hayan considerado exagerados los informes de esas personas. Esto se da muy a menudo, a pesar de que el menosprecio de la potencialidad del enemigo haya sido la principal causa de ruina política de los gobiernos en la historia. Gadafi es un dictador psicópata al que se le ha permitido desplegar su paranoia porque los jugosos beneficios de su único recurso nacional, el petróleo, los recogían quienes ahora claman por su cabeza. La política internacional es un juego de intereses que difícilmente encuentra justificación tras el tamiz del tiempo historiográfico. Un dirigente estadounidense dijo una vez : “La mejor política es la honestidad... pero hay otras políticas”. El cinismo en la cumbre de la sociedad, gobernándola pérfidamente, no puede ser la vía de crecimiento humano, individual y grupal, al que toda sociedad tiene derecho. Dejense ya los estadounidenses y sus acólitos de retóricas demagógicas y pasen a la acción. O que se callen de una puta vez y dejen al mundo supurar pus por sus heridas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resumen de un cuento de fantasmas

Me encantan los cuentos de fantasma. Aquí les apunto uno de los más sintéticos de Washington Irving, “El estudiante alemán”, que H.P. Lovecraft clasificó como ejemplo de la “Desposada cadáver”, tomado de la compilación “Fantasmas” de Eduardo Berti..
En “El estudiante alemán”, el joven Gottfried Wolfgang es un apasionado de la lectura que cree en un mundo imaginario al margen del mundo real y que todas las noches sueña con un mismo rostro de mujer. En el inicio del relato, Wolfgang camina por las calles de la Francia revolucionaria cuando, al llegar a una plaza, ve una persona junto a una guillotina. Para su asombro, la persona es la mujer con la que él sueña y de la cual se ha enamorado. Wolfgang y la mujer mantienen este diálogo:

-¡No tengo amigos sobre la tierra! -dijo ella. -Pero tiene hogar -replicó Wolfgang. -Sí, ¡en la tumba!

El estudiante recoge a la mujer y le ofrece que vivan juntos para siempre. “¿Para siempre?”, pregunta la desconocida, con solemnidad. “¡Para siempre!”, repite W…

Me pregunto

Llevo ya seis años con esto de la escritura. Me pregunto cómo no descubrí a más temprana edad esta vocación. Me pregunto cómo descubriéndola tan tarde no me doy más prisa. Me pregunto a cuento de qué esos miedos que tanto me paralizan. Me pregunto si ser un inmaduro me sujeta la pluma. Me pregunto si antes de que lo fuera algo me la podría sujetar. Me pregunto por el convencimiento del sentido de uno en la vida, que nunca llega porque tal vez no lo haya, a pesar de Viktor Frankel y sus teorías persuasivas. Me pregunto si uno escribe porque ese es su sentido o para descubrir cuál es. Me pregunto por qué desde chico leo tanto, y por qué lo sigo haciendo a pesar de que ya no todo -ni, por desgracia, una parte menor- lo que leo me hechiza. Me pregunto si el hechizo es la finalidad de la escritura, un hechizo justificado así solo lo sienta un solo lector, o solo el escritor. Me pregunto si dar vueltas a las cosas me modifica, me hace mejor. Me pregunto de nuevo si el sol sale para que veam…

Transcribo el prólogo de la autobiografía del filósofo Bertrand Russell escrito por él mismo: PARA QUÉ HE VIVIDO

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad,esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura místicala visión anticipada del cielo que han que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- …