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La Tierra explota

Dice Giovanni Sartori que la explosión demográfica llevará a la ruina a este planeta a corto plazo (no especifica si es tiempo geológico o tiempo cósmico). De ser cierto lo que vaticina y defiende con datos al parecer inapelables, ha comenzado el principio de la caída del ser humano como especie dominante en este planeta. Tal vez lo sustituya la cucaracha o cualquier otro insecto, tal vez aparezca una especie nueva, una mutación que supere en habilidades al ser humano, tal vez simplemente la vida siga sin los humanos y la Tierra no se resienta y continúe su periplo como planeta como si nada hubiera ocurrido –especies de mayor arraigo y capacidad de adaptación han desaparecido sin que por ello este planeta dejase de crear vida-. Pero no logro concebir que los humanos, gente tan lista para algunas cosas, cometan necedades como la de ignorar este, al parecer, más que probable cataclismo que, para más inri, podría tener remedio. Claro está que la postura de "ojos que no ven corazón ...

El mar

Llueve detrás de los cristales, y contemplar las gotas de lluvia me provoca un estado de añoranza y un ánimo nostálgico. Busco entre los recuerdos de mi subconsciente atávico, de mi Yo heredado del Ello galáctico, pero no hallo ninguno que encierre una clase de sentimientos como los que hoy experimento; son recuerdos fríos, vacuos o inhóspitos, muy comunes entre los individuos de mi especie, según me ha confesado mi madre cuando, ya sin soportar un solo minuto más de desasosiego -¿por qué la lluvia produce desasosiego?- me he puesto en contacto mental con ella para conversar. Separados por cientos de años luz, una distancia insalvable para la tecnología de los humanos, ella siempre está dispuesta a la conversación, y aunque haya secretos que no puede revelarme –se lo tienen prohibido y la vigilan-, su consejo y ánimo maternal me consuelan cuando lo necesito. No es que mi especie consista en un atajo de bordes, sino que la evolución, a través de los eones, nos ha protegido confiriéndo...

Algunos datos sobre los humanos

Se da la curiosa circunstancia, aquí en la Tierra, de que los humanos, como especie dominante, dejan mucho que desear, y son inferiores en métodos de supervivencia a la mayoría de las otras especies que pueblan el planeta. Sólo una serie interminable de casualidades favorables los ha encumbrado donde están. Equivaldría a que te tocara cien veces seguidas el gordo de la lotería, casi un milagro. Sea como fuere, ahora dominan el mundo y, si consiguen no exterminarse a sí mismos, su dominio puede que se prolongue algunos milenios más ¡Mala suerte para las tortugas y los linces!   Hace 65 millones de años –que se dice pronto-   un cataclismo causado por el impacto de un meteorito ahora conocido como KT, golpeó este planeta con la fuerza de 100 millones de megatones –equiparable a la explosión simultánea de 8000 millones de bombas como la de Hiroshima- y aniquiló a los dinosaurios, especie que dominó la Tierra durante 150 millones de años,  pero sólo pudo eliminar a l 70% de la vida e...

Emitir opiniones

Advertí pronto, siendo aún un chaval en casa de mis padres adoptivos, que los humanos cultivan una tendencia exagerada a la exaltación de sus emociones cuando surgen ciertos temas, rayando –si no sobrepasando- la pasión exacerbada en ocasiones de tensión dialéctica extrema. Así, por ejemplo, si sale a relucir en una tertulia –en privado o en foros públicos, tanto da- la política o el fútbol, por ejemplo, los contertulios emiten sus opiniones subiendo los decibelios de sus voces en proporción directa al desconcierto que cada uno de ellos experimenta porque los demás no compartan su, para ellos, indiscutible punto de vista. Hay ocasiones en que, para dejar bien clara la inamovilidad de su postura, alguno de ellos la emprende a mamporros con algún otro, para que aprenda. A este método se le denomina conductivismo y hay veces en las que funciona – al menos aparentemente- y el contrincante –en principio dialéctico y después pugilístico- parece reconocer lo equivocado de su punto de vista ...

Mis primeros años

Debo aclarar, por mor del entendimiento conmigo mismo y la honestidad de mis reflexiones en este diario, algunas circunstancias relacionadas con mi periplo en este planeta. Era de esperar que la morfología de mis congéneres –y la mía misma al nacer- no tuviera el menor parecido con la de los habitantes de la Tierra, de modo que el comandante de la nave, que me abandonó aquí como ya he dicho, tuvo la lucidez de amoldar mi figura corpórea a los patrones estético-morfológicos aquí imperantes y que , con la salvedad del período glorioso de  los griegos de Pericles, siguen vigentes en la actualidad. Salvo por algunos detalles que tuvo a bien el comandante modificar para proporcionarme protección en caso de apuros, otorgándome así ciertos, digamos poderes, sobre los humanos. Expongo someramente los atributos en cuestión. Mis ojos fueron dotados de unos nervios inusitadamente elásticos que son como las cánulas quirúrgicas de prospección intravenosa  y que manejo a voluntad sacando los globo...

Presentación de Bvalltu

Ante todo, me presentaré. Me llamo Bvalltu y pertenezco a una civilización asentada en un planeta separado de la Tierra por varios cientos de años luz. Mi madre me parió en una nave de reconocimiento durante una patrulla de prospección de la Vía Láctea. Tanto ella como mi padre pertenecían al ejército (División Infraquasar) y un error insólito en el cálculo de mi nacimiento comprometió seriamente la misión, de ahí que el comandante, ignorando el desgarrado dolor de mi madre, optara por abandonarme a mi suerte en el planeta que les pillara más a mano, que resultó ser la Tierra. Todo esto lo sé porque en mi especie, los individuos unidos por un estrecho vínculo (madre-hijo, esposo-esposa, hacienda- contribuyente), nunca dejan de estar en contacto mental por muy grande que sea la distancia que los separe, así que mi madre me puso al corriente de lo ocurrido en cuanto tuve edad para comprender. Aquí fui adoptado por un acaudalado matrimonio de ancianos que me crió, educó y entregó su am...