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Tú, musa

Merodeas los márgenes de mi paciencia Insinúas que de mí saldrá algo sublime Me incitas a que del grácil numen libe Prometes que guardaré las apariencias.   Eres molesta, insistes y la insistencia en tus rondares propician que me anime que azuce a mis neuronas, que las avive a un inalcanzable universo de elocuencia.   Quiero dejar claro en este triste verso Que reconozco tu negra mano en ello Que mis palabras no inmutan el universo   Que ni siquiera crear saben algo bello. Que cuando leo y releo hasta su anverso   Su vulgaridad dicta mi descabello.

Diálogo de sordos

Mil silencios de diáfana elocuencia Que nacen en un pecho cualquiera Dicen verdades redondas como eras Mas nadie presta oído a sus sentencias.   Más de mil monólogos de ciencia Que expertos en saberes profirieran No alcanzaran a valer lo que valiera Un silencioso dolor de penitencia.   Nos fue dada la voz y a voz en grito Desde entonces nos comunicamos Convirtiendo diálogo en refrito.   Si hemos heredado nuestro oído ¿Por qué sólo la lengua utilizamos? ¿Por qué ser sordos, necios y aburridos?

La musa

Te me acercas lo justo para que brille mi pupila Y te alejas enseguida, vanidosa en tu belleza, Sabedora de tu poder, veleidosa, de cruel entereza Mientras sangre negra y seca mi costado destila.   Vienes y vas y no paras un segundo tranquila Demorándote en mi agonía ¡pírrica proeza! Zahiriente, inmisericorde, preñada de tibieza Moral, que es maldad mezquina y me aniquila.   Tú por tus regiones y yo en mi huerto La distancia entre ambos insalvable, Desde que te conocí lo supe cierto:   Que no podría existir, eso impensable, Un lazo que una suprema voluntad tendiera Por que no se realizara lo irrealizable.

Un lago

En un lago de tristeza Me asomé como a un espejo Y me hirió ver el reflejo De unos ojos sin certezas.   Vi por frente una corteza De olmo ajado, de olmo viejo Y vi un ingrato entrecejo Labrado con mil vilezas.   Ese día en ese lago Comprendí que había vivido En un penal recluido   Construido con mis manos. Para no poder fugarme La llave hube de tragarme.

Competitividad

Él era un ejecutivo competente y de éxito, apuesto, de mediana edad. Su camino hacia el éxito nunca se vio entorpecido por la menor vacilación en su seguridad por lograrlo. Había conseguido el destino que, con empeño, decisión y seguridad en sí mismo, deseó a edad temprana. Era un triunfador, en los términos que él mismo y gran parte de la sociedad consideraban que eran los necesarios para ello, sólo que con el aderezo de la vocacionalidad. Deseaba triunfar a toda costa, era ambicioso y nunca sintió escrúpulos para deshacerse del los obstáculos que se pudieran interponer en su camino hacia el triunfo. Ella era una ejecutiva competente y de éxito, guapa, elegante y con un atractivo natural que, precisamente por serlo, desconcertaba en un mundo machista donde los hombres se iban acostumbrando a competir con mujeres que aceptaran las reglas del juego que ellos dominaban, pero no con las que se mostraban descaradamente sinceras, sin sentirse obligadas a obedecer unas reglas que no ente...

A María y Justo

Una mirada de fulgor fiero y ardiente Y un tesón invencible y nunca ajado Consiguió al fin, el tiempo por aliado , Alcanzar la meta que habitaba vuestra mente.   Millones de paquetes llovieron de repente Sobre una naciente empresa y desparramaron Un naciente imperio, que no sé si valoraron Los que a vuestra sombra escaparon del relente.   Tú y tú forjásteis el recorrido De aquel proyecto, eternamente naciente Y no hubo desmayo en lo perseguido   Por vuestro sueño y vuestro empeño paciente, Y lograsteis culminar el recorrido Que os hizo dueños del amor de tanta gente.  

Adiós, María

A un ser querido me lo está robando, con concienzudo trabajo, la muerte. Le atacó a traición, lanzándola contra una estatua de jade. A mi tía María, que hoy agoniza sin saberlo, atada frágilmente a la vida por el cordón umbilical de un respirador asistido, de una máquina inventada para retrasar inútilmente el desenlace inevitable. La muerte siempre gana, no necesita luchar y se ríe de los inventos para burlarla. No hay esperanza alguna, dicen los doctores, es cuestión de horas que nos deje. Y deja sobre todo una vida plena en la que interminables momentos de lozana felicidad se vieron oscurecidos por la muerte temprana de un hijo, que alcanzó por suerte, antes de irse, a dejar a su vera una sana descendencia que de algún modo compensó aquella trágica pérdida. Fuiste, eres todavía aunque inconsciente, afortunada, María. Serás siempre añorada por hija, nietos y bisnietos y por un marido que, con tu ayuda inestimable, levantó un imperio luchando con un coraje de héroe que derribó todas la...