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Cosas que se han dicho sobre relaciones y sexo

-Si no fuera por los carteristas y por los cacheos en los aeropuertos, no tendría ninguna vida sexual. (Rodney Dangerfield) -Yo soy tan buen amante porque practico mucho a solas. (Woody Allen) -Oh, Señor, concédeme castidad, pero no lo hagas todavía. (San Agustín) -Es de mala educación empezar a cortejar a una viuda entes de que vuelva del entierro. (Seumas MacManus) -Me casé con alguien inferior a mí. Todas las mujeres lo hacen. (Nancy Astor) -Ya no veo tanto a Alfred desde que está interesado en el sexo. (Sra. de Alfred Kinsey) -La vida es una enfermedad transmitida sexualmente y la tasa de mortalidad es del ciento por ciento. (R. D. Lang) -En realidad no soy homosexual. Solo les ayudo cuando están ocupados. (Frank Carson) -El sexo a los ochenta y cuatro es una experiencia maravillosa, especialmente el de invierno. (Milton Berle) -Yo no confiaría en mi esposo si estuviera a solas con una joven durante cinco minutos, y eso que lleva vei...

Una terapia

  Le repito la pregunta, señor Adorno, ya que le veo algo despistado: ¿qué le ha hecho venir a mi consulta? Algo no debe ir del todo bien cuando acude a un psiquiatra, digo yo, y espero que no se moleste si le digo que llevamos ya más de media hora de sesión y usted aún no ha abierto la boca, excepto para sonreír de un modo, permitame decírselo con franqueza, del todo incoherente. No le estoy apremiando, no quisiera que se sintiese presionado, pero de algún modo tendremos que comenzar la terapia, y si usted no me dice algo... No hace falta que conteste de inmediato, tómese su tiempo, más del que ya se ha tomado si es preciso, solo faltaría que por una precipitación abordásemos el problema de una forma inapropiada. Le confesaré algo que en mis veinte años de profesión jamás he revelado a ningún paciente, pero usted necesita un aliciente y por ello haré una excepción. Yo quería estudiar antropología, se lo digo en serio aunque me alegra ver que sonríe de otra manera. Siempre me gust...

Avaricia y gurús

El conspicuo economista norteamericano John Kenneth Galbraith solía decir de quienes hablaban con seguridad sobre economía que se dividían en dos grupos: los que no saben y los que no saben que no saben. En su obra “Breve historia de la euforia financiera” cita ejemplos de épocas de entusiasmo económico y financiero en las que siempre hubo insignes economistas (incluso algún premio Nobel) que no dudaban en disertar acerca de los fundamentos inapelables que las justificaban y hacían posibles, casi siempre justo antes de la catástrofe que pone fin invariablemente a dichas épocas. Muchos de esos 'sabios' o 'gurús' se implicaban personalmente en las especulaciones y algunos de ellos acabaron arruinados o en la cárcel o ambas cosas. El mecanismo de las burbujas especulativas siempre es el mismo y la amnesia de los especuladores también. Por desgracia para los ciudadanos, que somos quienes en último término sufrimos las desastrosas consecuencias, el final abrupto y desol...

Cuando lo antinatural se impone

No creo en maleficios pero si en rachas de buena o mala suerte. Hoy han eliminado al mejor equipo del mundo con dos armas mortales: un excelente juego defensivo, un catenaggio elaborado en su forma más sublime, pero sobre todo y a eso iba, una concatenación de jugadas concebidas por el destino para perjudicar al Barcelona a pesar de ser muy superior al Chelsea. Porque o estos últimos cuatro años el equipo culé ha ganado tantos trofeos gracias a justamente lo contrario, una casi imposible cadena de aciertos en los momentos adecuados, algo muy improbable y hasta antagónico con su juego de ballet sublime, o el duendecillo de la mala hostia decidió esta noche pincharle los huevos a los del Barça y ridiculizar al, repito, mejor equipo del mundo hoy día. No sé cuánto más durará la magia futbolera del Barcelona, pero para bien del fútbol y de los que apreciamos el arte, espero que al menos dos temporadas más.

Payaso

Esto de ser nómada debe de parecerse mucho a la esquizofrenia. Estoy aquí pero estaba allí hace nada, y estaría allí si no fuera porque ahora me toca estar aquí, y preferiría estar allí aunque estar aquí es cojonudo. Aquí y allí son uno y muchos lugares separados por el tiempo y la memoria, sitios de los que formas parte, estuvieras o no en ellos, espacios vacíos hasta que tú los habitaste o hasta que tú los habites. Lo que reviste de magia al mundo es la manera en que lo vivas, lo descubras, lo decores con tu presencia curiosa e insaciable. Ser nómada te libra de ataduras y, sí, tiene el inconveniente del lastre de tus maletas, pero a cambio te otorga la oportunidad de elegir, de decidir echar o no el ancla, de levantar el vuelo antes de la tormenta, de dirigir tu vida hacia un norte desconocido, siguiendo un rumbo arbitrario sin brújula y sin remordimientos, y eso es el afán último, el destino de cualquier payaso que se precie de serlo.  

El cerebro de Einstein

Hace poco se llevó a cabo un experimento carísimo cuyos resultados desbarataban al parecer un postulado esencial de la teoría de Albert Einstein y, por consiguiente, la teoría en sí. Ahora resulta que pudo ser un fraude y el físico responsable del experimento ha dimitido. Una dimisión justificada más por la impertinente osadía de poner en tela de juicio la sabiduría de un sabio que hechizó o supo hechizar a sus contemporáneos con independencia de que estos tuvieran o no alguna noción de física que por los pormenores del experimento. Lo que de verdad entusiasmaba a la gente de Albert Einstein era la excelsa condición de genio que le atribuyeron a partir de su huída a Estados Unidos. Un genio, para los estadounidenses, comparable a Edison, lo que ya era comparar. Esa condición de superhombre tan alabada por todos se buscó en su momento en otros mortales que, a diferencia de Edison y Einstein, acabaron decepcionando por dejar un legado intelectual y no pragmático y utilitario. A ver, no...

Lo dijo Jorge Guillén

En un blog reciente, en concreto el que publiqué el martes 17 de enero, contaba una anécdota acontecida a mis catorce años que me impactó, al parecer, no lo suficiente. Era a propósito de una entrevista de jóvenes estudiantes al poeta Jorge Guillén, entrevista de la que yo no sé si era el merecido responsable. Hablamos con ignorancia sobre literatura con un literato de primera división. Yo no lo recordaba, pero mi amigo José Antonio González Correa, participante en aquel experimento periodístico en el que unos pocos jovenzuelos atosigamos con preguntas inconvenientes al insigne poeta, rememoró en un contexto donde las verdades se vierten sin el impedimento de los protocolos, que a una pregunta mía sobre cómo preveía Guillén el futuro de la literatura o algo parecido, el anciano y muy paciente don Jorge dijo unas palabras que yo hoy no recuerdo, pero como no dudo de la fidelidad de la memoria de mi amigo las doy por ciertas. Transcribo sin su permiso pero con su previsible consentimi...