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Vodka

Uno, un día, va y piensa “¿por qué no me miran mis vecinos?”, tal vez por pensar algo. Otro día, por pensar algo o por lo que sea, piensa “¿por qué no me miran mis compañeros en el trabajo?”. Ahí uno ya empieza a mosquearse porque una vez que uno ha empezado a pensar ya no hay quien lo pare, y piensa, por ejemplo “¿por qué no me ha mirado el aparcacoches?” y mira que le hecho hincapié en la rozadura del parachoques en el Mercedes, pero él, ni caso. Como si no existiera. Y ejemplos así los tengo a porrillo, me miran pero no me ven, o al revés: mi mujer, mi madre, mis hijos, mis amantes (aunque esté mal decirlo), mi abogado, mis socios rusos a los que defraudé pero sin mala intención, el juez, mi compañero de celda -ruso, por casualidad-. Nadie en definitiva parece verme y ni siquiera mirarme. Solo tras mi entierro hubo una mirada significativa, reveladora, que me reconfortó. Pero no fue de ninguno de los anteriormente mencionados. Y ahora me pregunto por qué demonios nunca me ha gust...

Veranus interruptus

Algunas personas hibernamos en verano. El calor nos afecta como el frío a los osos y debemos buscar una madriguera fresquita que nos salve de los sofocos estivales. Y aunque yo, con instinto de oso fuera de temporada, me refugio rigurosamente cada verano lejos de veraneantes sedientos de sol y tinto de verano, este he hecho una excepción -en mala hora lo decidiera- y mi contrición y congoja no han de bastar para enterrar la experiencia en el olvido como no bastaron los nefastos aconteceres del Caballero de Los Leones para derrotar su insania mientras duró. He viajado a Sicilia, patria de todas las mafias, donde en lugar de recibir de un tipo facineroso y malencarado una oferta que no pudiera rechazar, he sufrido la tortura térmica de de un suelo volcánico y abrasador que haría sudar tinta china a un tuareg curtido en los desiertos. Además me he puesto hasta el culo de espaguetis. Así que ahora me toca purgar mis desatinos. Prometo retomar el relato interrumpido y acabarlo de un tirón...

Los zapatos nuevos VII

                                                                          VII A medida que avanzaba su convencimiento se hacía más fuerte. Tenía en mente todo lo que le diría a su suegro. Reproches, recriminaciones, acusaciones con o sin fundamento se atropellaban en su furia por desahogarse con quien había sido el causante de que Blanca no hubiera tenido la vida que se merecía. En su obcecación olvidaba que todo había sucedido con el consentimiento de las partes, incluida Blanca, que no hubo engaño ni traición por parte de don Arturo, quien se limitó a advertirle de las posibles consecuencias de su unión con Blanca. Pero e...

Los zapatos nuevos VI

                                                                    VI ¿Era reciente esa conversación o en realidad habían pasado veinte años? A Pablo se le antojaban iguales ambas opciones. ¿Había vivido una vida de folletín? No faltaban clichés. Un padre prepotente capaz de hacer sufrir a su hija querida solo por no plegarse a sus deseos, condenándola junto al hombre que amaba a ser marionetas cuyos hilos solo él movería a su antojo. Una esposa que renunció por amor y sin atenerse a las consecuencias a los dictados del padre, al lujo de un linaje, solo para ser suya. Un pobre hombre que solo contaba con una dignidad mal entendida para arrebatar...

Los zapatos nuevos V

                                                           V Se asomó a un abismo y el vértigo le cosquilleó el alma. Vio imágenes, retazos de otra vida en la pudo haber sido feliz y especial, la niña mimada de la alta burguesía, rodeada de caprichos, con sus padres a sus pies lo mismo que el resto del mundo. Le costó un gran esfuerzo enderezarse y apartar la vista de aquellos zapatos. Hundió su cara entre sus manos y estuvo así varios minutos, inacabables al parecer de Pablo, cuyo gran temor era que Blanca hubiese visto demasiadas cosas agradables que pudieran poner en peligro su unión. Así se lo dijo, con la mayor delicadeza que pudo, con un nudo en la garganta. -Ten cuidado con esos zapatos, Pa...

Los zapatos nuevos IV

                                                        IV Portillo era el apellido de la madre y lo usaba en lugar del apellido del padre (Mansel) más por un asunto de apego maternal que por esnobismo. Después de todo daba igual el que usara porque todo el mundo en la ciudad la conocía, ya que su familia era muy conocida, de esas que no pueden faltar en un cóctel que se precie ni en una recepción como Dios manda. El padre de Blanca, Arturo Mansel, había continuado la estirpe de empresarios locales que habían engrandecido la ciudad, y dotado de un olfato inusitado para los negocios, había agrandado el imperio familiar creando un holding que cotizaba en bolsa y todo. Hijo único, no tuvo apoyo ni tampoco las...

Los zapatos nuevos III

                                                    III Frente a la puerta de su piso, nuestro hombre, Ramos, el del traje raído (incluida, eso no se ha mencionado, la ropa interior), estuvo a punto de sufrir un ataque de nervios, no estaba preparado para mantener una charla con su mujer, una conversación seria y serena, aunque el deterioro de su matrimonio la iba haciendo más necesaria según pasaba el tiempo, imprescindible a esas alturas, pero el pánico que sentía a una confrontación con su esposa le hicieron dilatar el encuentro inevitable todo lo que pudo. Pero ahora los zapatos parecían haber tomado aquella determinación por él. Como era impensable salir huyendo, tocó el timbre. A los pocos minutos una mujer de ...