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Entradas

Salzburgo

Salzburgo transpira historia y transmite fantasía. La ciudad vieja, presidida por la catedral y custodiada por una elevada fortaleza, está tapizada de arte, cuajada de iglesias donde se entreveran diferentes estilos arquitectónicos, moteada por el colorido variado de sus hermosos castillos medievales. En Salzburgo, hasta Zara se engalana con atavíos bizantinos. Uno quiere perderse para siempre en las calles de esta histórica ciudad, no encontrar jamás la salida de su laberinto de calles empedradas y empinadas, eternizarse en sus rincones de misterio y sueño. Aquí parió Mozart su mejor arte y uno se convence de que en ningún otro lugar pudo haberlo hecho con tanto acierto; la ciudad tuvo, sin duda, mucho que ver en el feliz parto; hizo de sabia comadrona, contribuyendo con su vetusta sabiduría y su maternal arrobo al milagro del alumbramiento de la genialidad hecha música. Casi sin advertirlo, uno deja en Salzburgo parte de su alma; y reanuda el viaje con melancolía, ya para siempre...

Innsbruck

A Innsbruck, bonita ciudad tirolesa famosa por sus nevadas montañas y sus pistas de esquí, el tórrido sol agosteño le sienta como a un santo dos pistolas. Nunca creí que pudiese hacer tanto calor en una ciudad alpina. Entre la abundante cena de la noche anterior, el tormento calórico del soleado día y los dos cafés que tomo para espabilarme –en Austria hacen un café riquísimo-, me agarro unas cagaleras que me obligan a correr cada media hora hacia el bar más cercano para aliviarme. Entre carrera y carrera voy descubriendo la ciudad, sus estrechas calles llenas de tiendas con souvenirs, sus puestos de comida para llevar, sus restaurantes de platos típicos servidos por camareros vestidos con trajes tiroleses. Todo teñido con esa pátina de falsedad que recubre las ciudades turísticas fuera de temporada, piensa uno si se deja llevar por la primera impresión. Obligada a forzar hasta el límite sus propios tópicos para seguir atrayendo turistas y subsistir hasta el próximo invierno, a In...

Graz

Paseo por la bonita ciudad de Graz, en Austria. No llevo mapa, pero adivino que estoy en el centro porque veo una tienda de Zara. Es la Innerstadt, el centro histórico, con su iglesia -tal vez catedral, no pregunto-, su ayuntamiento y su museo. Pequeñas calles como venas zigzagueantes trazan un bonito laberinto por donde transitamos los turistas sin perdernos, porque todos los caminos conducen a Zara. Hace un tiempo húmedo e inestable, caen gotas espaciadas sobre los puestos de comida de la plaza. Siento hambre y me acerco a uno a comprar unas manzanas. Me atiende una hermosa muchacha que sonríe con una sonrisa que ilumina la tarde. ¿Diecisiete? ¿Veintiuno? Es difícil precisar la edad de las personas que viven etapas de la vida muy alejadas de la nuestra. Quiero pensar que la pícara sonrisa que me ofrece junto al cambio no es sólo de cortesía. Pero, en fin, como si lo fuera. Recorro comiendo una manzana estrechas calles con olor a sombra, intento perderme en ellas, detener por unos min...

La proposición

Alguna vez he fantaseado, e incluso soñado, con que Satanás se me aparece y me pregunta qué precio estaría dispuesto a pagar por conseguir la vida eterna. Otras veces es más concreto y me hace escoger una de entre varias posesiones mías de inestimable valor personal (mi alma, mis sentimientos, etc.) para ofrecerle a cambio de la inmortalidad. Siempre dudo, no confío del todo en él, en parte porque desde chico me enseñaron a desconfiar del Diablo y en parte porque sus planteamientos me parecen capciosos, y temo que, diga lo que diga, acabaré arrepintiéndome durante toda la eternidad. ¿Por qué habría de ser así?, me pregunto; puede que el trato no tenga truco y gane una vida interminable, ¿no es eso lo que sueña la mayoría de la gente? Tras pensarlo unos momentos decido que no, que la mayoría de la gente no sé, pero que por lo que me atañe, una vida sin fin soportándome a mí mismo sería un infierno -ya esta se me está haciendo eterna...-, y como sé que tengo uno garantizado, sería un mal...

Eufemismos

Como consecuencia del arraigo y expansión de lo denominado ‘políticamente correcto’ (PC) a partir de los años ochenta se ha creado un culto al eufemismo como recurso de la clase política para encubrir con un lenguaje más educado realidades sociales aún no resueltas. Así, de las políticamente correctas sustituciones de las expresiones ‘negro’, minusválido’ o ‘ciego’ por las –en teoría- menos hirientes, ‘persona de color’, ‘persona discapacitada’ e ‘invidente’, respectivamente, se ha ido progresando en la eufemización de la realidad hasta pergeñar expresiones como ‘desempleado de larga duración’ por ‘parado’, ‘crecimiento cero’ por ‘no se ha crecido’ y, para mi gusto la reina del baile: ‘crecimiento negativo’ por ‘decrecimiento’ o ‘mengua’. (Cabría apostillar aquí el muy engañoso uso de las cifras porcentuales de crecimiento económico entre, por ejemplo, España y Alemania,    acentuándose el éxito del de la primera comparado con el de la segunda, sin aclarar la enorme diferencia que, e...

Amnesia

“No debes torturarte de ese modo, Aníbal,” repetía el doctor, “es un proceso lento y no siempre hay garantías de una completa recuperación. Tienes que asumir que puede que haya partes de tu pasado, de tu vida anterior al accidente, que tal vez nunca vuelvan a tu memoria. El olvido no tiene por qué ser trágico. Nuestra mente, en ocasiones, se niega a recordar sucesos traumáticos del pasado que sólo nos pueden causar dolor. Confía en ti mismo y date tiempo, verás como con el tiempo recuperas tu vida.” Recuperar su vida. Al principio de regresar a casa tras largos meses internado, le parecía imposible que hubiese tenido una vida. No recordaba, tenía amnesia por culpa del naufragio, aquel pavoroso naufragio que le había trastornado la mente; y había tenido suerte, según los médicos, se había salvado de milagro, fue el único superviviente. Pero ya estaba en casa y aquella mujer que le llamaba ‘querido’ y aquellos gemelos que le llamaban ‘papi’ eran unos desconocidos para él. Cada día si...

El amante adecuado

Adolfo se pasa todo el curso académico esperando que lleguen las vacaciones. Siempre ha sido así. En el colegio, de pequeño, contaba con impaciencia los días que faltaban para que concluyese el curso y poder irse con sus padres a la playa y tirarse al agua, en la que podía quedarse todo el día si le hubiesen dejado, pero su madre estaba muy pendiente de que no se excediera en sus chapuzones debido a un problema de asma que Adolfo arrastraba desde que nació. En la universidad, donde cursa cuarto de veterinaria, cuenta con impaciencia los días que faltan para que termine el curso y poder irse con sus amigos a la playa y tirarse todo lo que se ponga por delante; podría pasarse así todo el verano, follando, si aguantase, ya que el problema de la seducción previa se lo había resuelto la naturaleza dotándole de una fisonomía de estatua griega y de una labia hechicera. Explotaba con provecho ambos atributos. El segundo día de descanso vacacional en un pueblo costero con abundante oferta par...