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Paladares

Las moscas prefieren una buena mierda a un suculento solomillo. Sobre gustos, ya se sabe, y sobre todo si hablamos de otras especies. Excepto, tal vez, el oso hormiguero, los animales y las personas pueden cambiar su paladar, incluso educarlo. Esto último no sé lo que es o en qué consiste, pero el verbo denota una posibilidad de mejoría, es de suponer, o tal vez no, porque es un verbo ambiguo. Educar a veces se confunde con adoptar unos hábitos que están de moda, y eso no implica necesariamente una mejoría, incluso puede suponer una franca desmejoría. En cualquier caso, cambiar el paladar puede ser una consecuencia de circunstancias que implican cambios en los hábitos de vida. Si uno se va a vivir a Laponia, es imprescindible que no sea alérgico a la carne de foca, o de reno. Los extraterrestres disponemos de una ventaja cualitativa: comemos lo haga falta, nuestro paladar es galáctico. Yo, por ejemplo, con un chocolate con churros para desyunar, una ensalada y un entrecot al mediodía...

Otro sonetone

Me abandonaste una tarde cualquiera Una tarde dorada de Setiembre, Sabiendo yo que era para siempre, Fingiendo tú que por sólo un tiempo era. Nunca he tenido fe en el “para siempre”, Ni en el “hasta pronto” lo tuve siquiera. Qué poca fe di a tu “un día cualquiera Volveré” esa tarde de setiembre. Ahogo hoy mi pena entre limones, Desde aquella tarde mal herido, Aunque suene mal por “mal de amores” Mis mandarinas me dictan mi conducta, Si no he de ser tu bien querido Te querré como si fueses mi difunta.

No soneto: "sonetone"

La pena honda se aferra a mi costado Y de él liba mi entraña, perforada Por adiestrada bala, almibarada Para extinguir un fuego ya anunciado. ¿Anunciado por quién? (No miro a nadie) Y avivado por aliento de otra vida Tal vez tu espíritu, aún con vida No descansa por culpa de un desaire. ¿Son tus pistolas bastante?, me pregunto ¿para dar fin a esa ira infinita? ¿O acaso desvarío hacia otro asunto? Me mataste de pie, ¡que ira tan profunda! Tu cara reflejando un cielo huido,  ¡Permita Dios que el Cielo te confunda!

Un amigo

Me lo contó un amigo. Me limito a publicarlo. Mi amigo, al parecer, había tenido sus más y sus menos con el alcohol. Me refiero al whisky, al gin tonic y todo eso. Se excedió en su consumo por un tiempo y llegó a convertirse en alcohólico, moderadamente, digamos, si eso es posible, pero alcohólico al fin y al cabo. Una semana de planeada excursión familiar a una isla idílica mi amigo se dejó llevar por su vicio y por unas terribles ganas de dar por culo, para que sus hermanos no volviesen a invitarlo a eventos peregrinos y sin sentido para él. Se pasó varios pueblos. No controló. Sus hermanos pensaron con horror que mi amigo era presa de una enorme, inabordable dependencia que sólo con la ayuda de expertísimos profesionales y tras una larga terapia podía ser afrontada. Él no podía, de ninguna manera salir del hoyo por sí mismo. Sus hermanos supuraban miedo. Mi amigo, ante tan inesperado planteamiento de una realidad inexacta–por falsa-, contemporizó (a veces, por no querer herir, aca...

Salomé

Salomé entró en la sala llevando una bandeja sostenida con la palma de la mano izquierda. En ella reposaba la cabeza del bautista, con los ojos abiertos, incrédulos, y la lengua por fuera de los labios, como lamiéndose la barba. Salomé avanzó hacia Herodes con la cabeza humillada y mirando al suelo. Al llegar frente a él, alzó los ojos y le miró.  -Esta es la cabeza que te pedí como deseo. Ya estoy satisfecha. Y también mi madre Herodías. Te doy las gracias con humildad, mi señor, y te pido permiso para colgar esta cabeza a las puertas de la ciudad. Para que los seguidores del bautista conozcan el destino de los que se creen elegidos. Mi madre y yo te lo agradeceremos por siempre. -¿Y tú, Salomé, qué sientes? -Eterna gratitud hacia vos, señor. -Digo en el fondo de tu alma. -Melancolía.

Desigualdad

Cuando se llega   a ser el jefe de estado de un país en vías de desarrollo es fácil caer en la tentación del absolutismo. En un mundo donde los países ricos muestran a los pobres el escaparate de la ilusión, más apetecible cuanto más tiempo pasa, es difícil contener, no ya la envidia, sino la urgencia de posesión inmediata de los más necesitados bienes, incluso de los más bonitos, porque todo ser humano posee un matiz hedonista. Los seres humanos tienen en común los mismos anhelos y necesidades, sea cual fuere su condición social, y a ellos aspiran. Es inútil levantar diques para contener la riada de angustia que lleva a los más atrevidos entre los necesitados a la pretensión de una vida mejor; o a la muerte. No tiene sentido infravalorar la avalancha de inmigrantes que necesitan auxilio inmediato, relegarla a la anécdota sociológica. Vivimos en un mundo desigual pero que ahora, más que nunca, es consciente de ello. Y los infortunados y víctimas del sistema quieren soluciones inmedia...

Cuánta puta y yo qué viejo

Como soy varios Bvalltus al mismo tiempo (el que creo que soy, el que finjo que soy, el que los demás piensan que soy y el que en realidad soy) hay días en que ya no sé quién soy. Mi memoria portentosa me está empezando a abandonar, debido sin duda al hecho de que se siente explotada por mí: no sólo le pido que tenga disponibles, en los momentos más intempestivos, recuerdos archivados hace varios siglos, sino que le exijo además que almacene cada minuto de cada nuevo día, porque le tengo miedo a la demencia senil y porque estoy convencido de que el día menos pensado mis varios yoes acabarán provocando conflictos que sólo se resolverán si existe un testimonio fidedigno de lo que de verdad ha ocurrido en cada momento. Por eso los recuerdos son tan importantes. Nos mantienen anclados a la realidad, nos proporcionan un hilo temporal al que aferrarnos, y dan fe de que se puede ser gilipollas infinitas veces sin que eso afecte a nuestro sueño. Y también sirven, cuando se alcanza la senilid...