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Entradas

Mónica

Había en sus ojos esa irónica malicia de quien usurpa la personalidad de otra persona. Eran ojos de mirada hipnótica repleta de vagos matices tras los que se adivinaba una camaleónica y perversa capacidad para mostrar distintas facetas de carácter sin permitir entrever una sombra de disimulo, una facultad de diversificación que sólo los grandes actores o los grandes locos poseen. La trajo mi hermana una tarde de septiembre, dio alguna vaga excusa para introducirla en su cuarto del que no se movió desde entonces. Fueron tres meses en total, creo, lo que duró su estancia en casa antes de que yo la matara. Era una obsesión para mí, aquella mirada siniestra, diabólica, me perturbaba los días y me arruinaba los sueños. No podía sacarme de la cabeza sus ojos que escondían un ser que no era ella, un ser aprisionado en aquel cuerpo menudo y maleable, siempre cubierto por un vestido de tul, siempre sentado en la silla del cuarto de mi hermana, de cara a la puerta de la habitación, como espera...

El desierto

El viento de fuego abrasaba su piel y le mantenía vivo y alerta. La vasta extensión de arena que se extendía ante su vista era la alegoría de la superación del sufrimiento por la voluntad que él buscaba cuando se adentró solo en aquel desierto tétrico. Siempre tuvo la remota sospecha de que algún día, de alguna manera, tendría que poner a prueba su capacidad de supervivencia, porque el mundo cómodo y abúlico que le había tocado en suerte lo rechazaba desde el fondo de sus entrañas, abominaba de él y de los que lo habitaban, por eso siempre fue solitario y huraño. No pasaba día sin dedicar unos minutos de desprecio a cuanto le había sido concedido sin haberlo él solicitado. Tenía la certeza de haber nacido para encontrar sus límites y vivir en el territorio fronterizo de la muerte, vivir allí y sólo allí con plenitud, con la euforia del suicida que demora voluptuosamente el instante definitivo, con la paz de espíritu que proporciona una hemorragia de adrenalina. Pocas cosas aprendió e...

El tren

Al borde de la medianoche, un automóvil parado sobre la vía del tren rompía, con los reflejos tenues que la luna arrancaba a su chapa gris metalizada, la monotonía negra que extendía su dominio hasta el horizonte, y quizá más allá, porque ninguna luz ni otro reflejo se divisaba, o no lo divisaba al menos el ocupante del vehículo, concentrado en el esfuerzo que le suponía tratar de liberar sus manos, atadas a su espalda con una cuerda fina y mordiente. Estaba situado en una postura incómoda entre los dos asientos delanteros, sentado en el del conductor pero inclinado sobre el del acompañante, y moviendo con violencia sus muñecas a lo largo del freno de mano, arriba y abajo, una y otra vez, tratando de desgastar las cuerdas que las unían. Si lo lograba, aún tendría que desatar también los tobillos, atados con una cuerda idéntica a la de las muñecas, y por último, tras despegar de su boca la cinta americana que la amordazaba y dificultaba la respiración, agitada en exceso por el esfuerzo,...

La lámpara

Sólo cuando me acerco la lámpara refulge. Trato de acortar distancias con mi mano y el resplandor ilumina la habitación como si fuesen carnavales. Me asusto entonces y la voy retirando con cautela, mientras contemplo cómo la luz languidece y el metal de lo que parece una lámpara de aceite adquiere su brillo habitual, más bien opaco a la incierta luz de la luna mediada que trata de inundar, sin conseguirlo, mi habitación. La encontré en una escombrera y enseguida me cautivó. No sabría decir el porqué. Tal vez su forma trabajada por el más hábil de los orfebres –aunque yo de arte, ni flores-, o quizá su destello igual que un sollozo, o incluso su posible valor monetario. El caso es que me la traje a casa y aquí lleva tres días. Ella encima de la mesa del comedor; yo, sentado en una silla siempre a su alcance, como si temiera que fuese a desaparecer, o que me la robaran como por arte de magia. Y la duda, y el miedo.¿Qué hacer? Es sin duda un caso de hechizo, de embrujamiento. No puedo d...

Náufraga o no

En un accidente en el que un avión de pasajeros se estrelló en picado sobre el Índico hace unos días ha sido rescata con vida una niña de catorce años. Desconozco las probabilidades que los expertos le atribuirían a priori a su inverosímil supervivencia, pero no deben de ser menores que la de que te toquen doscientos millones de euros con un solo boleto en esa lotería europea que no conozco bien. Tal vez de un grado o dos de magnitud menores (10 elevado a uno o dos ceros, o más). La iglesia católica exige tres pruebas irrefutables de que ha habido milagro para determinar la santidad de una persona, aunque la irrefutabilidad de las pruebas las determina la propia iglesia y queda sujeta a su no siempre imparcial dictamen. Esta niña sigue con vida no sólo porque de algún modo que aún nadie se explica salió despedida del avión cuando este descendía en caída libre a y una burrada de millas por hora, y fue a aterrizar sobre un trozo de fuselaje en el que se mantuvo más de doce horas sin su...

Los Rollings

Los Rolling Stones parecen envejecer de manera distinta al resto de las bandas musicales. Para empezar, un concierto suyo en este siglo sigue convocando a tanta gente como en el siglo pasado, cualquiera que sea la década que consideremos. ¿Y eso por qué, cuando tantas bandas han sucumbido al paso del tiempo? Tienen una habilidad para conectar con la gente de la que ningún otro grupo hasta hoy puede presumir. ¿Dónde reside su hechizo? Yo no soy un experto en música ni mucho menos en antropología de cantantes, pero sospecho que, además de su entusiasmo como artistas que se saben inigualables, cuentan con el valor añadido de la eterna juventud de Jagger. Que un sesentón tenga figura de adolescente y maneras de tal sobre el escenario, supongo que influye lo suyo, sobre todo si ese Peter Pan de lo juglares ha sido y, en cierta manera continúa siendo, un icono sexual para varias generaciones de seguidores incondicionales. Yo de mayor quiero ser una fantasía para las adolescentes, ya que no...

Connolly

Escribe Connolly: ‘El suicidio es contagioso: ¿y si también fuese infecciosa la agonía por la que han de pasar los suicidas mientras se ven conducidos a la resolución de quitarse la vida, de que todo está ya perdido? ¿Y si la hubieses contraído, Palinuro, y si esa enfermedad hubiese hecho presa en ti?’ (pag 65). En la misma página:’ Si en vez del socorrido e ineficaz remedio del Tiempo existiera una operación mediante la cual pudiéramos curarnos del amor, ¡cuántos nos abalanzaríamos a hacérnosla!’. ‘La meta de toda cultura es entrar en decadencia por un exceso de civilización’. Sigue siendo Connnolly un escritor genial e incalificable (como ocurre con todos los genios), su lectura es un placer intelectual por su sorprendente facilidad para sugestionar y su capacidad para transmitir ilusión a pesar del pesimismo de sus escritos, o tal vez gracias a él. Es mi maestro, no sólo porque mi universo literario esté muy próximo al suyo, sino por su estilo, su manera de abordar la escritura, s...