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No hay más espejos (a Pepa Mas Gisbert)

Hoy sé que la verdad no está en esa luz clara, ni se revela impúdica delante de un entierro, ni resplandece orgullosa tras un juez triste y dudoso  ni empaña los espejos de mis muchos hoteles  cuando me afeito y me miro y sangro entre mis lágrimas.  Renuncio a esa verdad que de verdad no era  la que me hirió la vida y humilló mi espalda  y me hizo hincar una rodilla joven  en un suelo plagado de espinas de futuro  y me robó entre llantos un cielo promisorio.  Hoy he sabido al fin que es una impostora  que usó siempre las ropas de mis vanos sueños  y me engañó la vida y me tumbó en el suelo  donde al morir intuyo su cara tras un velo  de certezas que adoré y adoro aún, muriendo.  No hay más espejos ni espuma ni cuchillas  para quien ya no hay hoteles ni encuentra un cielo.

Una comida

Bvalltu me recrimina la comida que he tenido con mis amigos. Paco Acedo, Manolo Bernal, Juli Recuenco, Fernando Bernal y un servidor. Es una comida en plan tertulia donde comentamos diversas nimiedades y contamos chistes malos. La comida es una excusa, lo que importa es la reunión de amigos, de viejos amigos que se han querido a lo largo del tiempo y cualquier excusa les vale para reunirse de nuevo. Juli, Fernando y Paco quedan para recorrer quince quilómetros sabe Dios con qué propósito. No cuentan conmigo, intuyo que por envidia, ¿y si yo hiciera el mismo recorrido en la mitad de tiempo? ¿Y si , en el mismo tiempo, recorriera el doble? Bromeo, claro, no es una competición sino un pasatiempo deportivo. Luego, la comida. El ambiente algo soso, ¿por qué? Los chistes, diría, pero también algo más. La próxima será mejor, Bvalltu, no me regañes.

El imposible entendimiento

La comprensión absoluta entre dos personas es una quimera. Para comprender del todo al otro no basta con disponer de información sobre él, aunque esa información fuera exhaustiva. La comprensión nace de una voluntad de entendimiento que está limitada por el sesgo de parcialidad que esa voluntad introduce en el proceso. Para conocer de verdad a alguien habría que 'ser esa persona' literalmente, y eso es una imposibilidad. Lo triste es que sin compresión no hay verdadero perdón, y el perdón, como dijo Camus, es la justicia última. Estamos condenados a ser injustos unos con otros, a no perdonar del todo. Somos islas rodeadas de islas separadas por un mar insalvable de desentendimiento. Esa es la historia de nuestra especie, el mapa implacable de nuestras almas, el destino previsible de nuestros corazones solitarios, la posible razón de nuestra mortalidad.

Si un hombre...

Si un hombre de traje muy caro y sentado en la cornisa de la azotea de un rascacielos lee aparentemente tranquilo un libro titulado “10 razones para no saltar”, no es aventurado suponer cuál puede ser su estado de ánimo, y aún su previsible intención de futuro. Si un hombre vestido con un traje de marca que sube en el ascensor de un gran edificio observa con mirada fija e imperturbable la bajada de pasajeros de viaje piso tras piso mientra él espera hasta la azotea para apearse, es razonable que uno sienta curiosidad. Si un hombre sale por la puerta de una entidad financiera con su exquisito traje hecho a medida mientras sostiene con su mano derecha una cartera de piel extrañamente abierta hasta quedar desdoblada dejando caer al suelo su contenido de informes, expedientes, papeles de diversa importancia y hasta su móvil (¡su móvil!) mientras sostiene con fuerza en su mano izquierda un libro y en su mirada se lee una decisión sin retorno, no es de extrañar que lo miren ...

Felicidad

El niño viajaba en el columpio con la precisión de un reloj de péndulo. Reía a carcajadas, su encrespado cabello apenas movido por el viento generado por su bamboleo desenfrenado. Hoy era el día, su día. Había esperado con la paciencia de las tortugas, con la inconsciente sabiduría de los escarabajos, con la desesperada determinación de quien domina su tiempo. Vivió años largos y monótonos, vivió aguantando la respiración años interminables hasta que el destino lo liberó y pudo al fin gritar y reír y bailar en torno a su pasado, sin sentir melancolía por sus seres queridos, con la plenitud de saber que ahora ya era él mismo, de nuevo, viviendo otra epifanía sin nostalgias ni recuerdos, sin pasado. Su pelo blanco y encrespado surcando un huracán de alegría infantil pese a sus ochenta años. Una vez más se había producido el milagro, una vez más era por fin libre. Cuando los servicios sanitarios, avisados por alguna madre madrugadora, lo encontraron sentado en aquel columpio, no pudi...

Ray

En cumplimiento de la promesa que hice ayer voy a escribir sobre algo. 'Algo' es un término muy vago y por lo mismo muy jugoso: 'Algo', ¿pero qué? Pues algo, ¿te parece poco? (¿hablo conmigo?). Ray Bradbury ha muerto hace unos días y yo no consigo llorar como lloré leyendo algunas de sus historias. A mí los escritores me traen sin cuidado, solo me interesan -cuando me interesan- sus escritos. Pero me he dado cuenta que con Ray ha sido diferente, en él veía a una persona mayor tan, tan excepcional humana y artísticamente, que lo hubiese querido como abuelo. ¿Se imaginan ser el nieto de Ray Bradbury teniendo, como tiene uno, inquietudes literarias muy marcadas? Sería como jugar al póker y ganar. Una y otra vez. Sin tirar de faroles. Sin malicias ni miradas torvas, solo la convicción de tener la mano ganadora, esa ventaja que el destino otorga a quienes están dispuestos a morir por aquello en lo que creen. Ray fue un elegido porque él decidió serlo, y vivió una vida plen...

Graphophobia

  Desde que padezco 'graphophobia' escribir me supone un tormento. El término es obviamente inglés, el diagnóstico en cambio es para todos los públicos. Soy el primero en estar hasta los cojones de tanta mariconada fóbico-existencialista que al parecer sufren escritores sin distinción de talante ni de talento. Yo no pretendo pasar por escritor porque algo me falta, supongo que talento, pero a falta de talento, tiro de talante, ¿y qué me encuentro?, con la graphophobia de los cojones. Ciertas personas, sobre todo un servidor, en vez de soñar con un futuro idílico o al menos promisorio sufren los trastornos de la sombra férrea de un pasado que no pasa del todo y te acaba por encarcelar dentro de ti. Y eso jode que te cagas. Me cago en mis miedos y en sus circunstancias 'y siento más tu muerte que mi vida? (Miguel Hernández). Hablo de la muerte -aparente- de mi certeza y de la vida de mi duda, duda, duda. Esta es mi última queja pública, el epitafio de mi desidia, el fin de m...