Ir al contenido principal

Entradas

Fantasmagoría

A veces pienso que mi imagen en los espejos es el único testimonio de mi existencia física. Siempre he adolecido de una tendencia insana hacia la transparencia, o hacia la disolución de mi cuerpo, que pasa a ser por completo gaseoso, pero de un modo cohesivo, para que mis moléculas no se dispersen y acaben formando parte del cosmos. Esta tendencia ya la advirtió mi madre siendo yo muy chico; a veces ella iba a ver si dormía y se encontraba la cuna vacía, y aunque yo me volvía corpóreo ante sus gritos de horror, el susto se le quedaba en el cuerpo durante días. Se llevaba unos sofocos que no fueron superados ni cuando, ya crecidito, decidí un día que quería ser político. “Tú lo que vas a ser es gilipollas”, sentenció mi padre sin mirarme desde su sillón de ver el fútbol. Creo que no andaba tan desencaminado como yo suponía. No hay una causa definitiva para mi cambio de estado físico, o al menos no me ha sido diagnosticada, pero yo sé, a despecho de lo que digan los médicos, que tien...

El ciego del perro IV

Seguimos con el ciego paseando por la playa agarrado a la cadena de Boniato. Hace viento y empieza a refrescar. Sale bruscamente de sí mismo, se separa de sus pensamientos y decide que hay que regresar. En ese momento Boniato tira de la cadena y con ella de él, que casi cae. Logra conservar el equilibrio porque justo entonces el terreno se empina y él apoya su mano en una ladera imprevista mientras oye al perro ladrar con furia. ¿Qué habrá visto? Los tirones del perro le impiden recuperar del todo el equilibrio y se ve obligado a trastabillar en pos de Boniato subiendo por esa ladera. ¿Qué está pasando? Trata de gritarle al perro que se calle, pero una inquietud repentina le hace callar. Algo no va bien. Oye, lejanas, unas voces, sin distinguir las palabras. Al menos no todavía. El perro se ha detenido y él supone que está en la cima de aquel montículo de piedra y tierra, porque no recuerda que en esa zona hubiese una montaña o un obstáculo de mucho tamaño, debe de ser algo nuevo o q...

Terapia II

Verá, doctor, todo comenzó hará unos seis meses. Estábamos cenando mi mujer y yo en la cocina cuando de repente ella dijo que no me quería, que nunca me había querido. En un tono desenfadado, como quien charla de cosas banales con un amigo o con un amor, me fue desgranando todas las cosas que odiaba de mí. Yo la miraba boquiabierto, embelesado por el contraste entre sus palabras fatales y su semblante relajado, casi divertido. De repente se calló, dejó el tenedor sobre la mesa y se llevó las manos a la cara para ocultar una lágrimas súbitas, quizá inoportunas. Yo no sabía si consolarla o llorar con ella, imagínese la situación, menudo palo, así, de golpe, toda tu vida a tomar por saco, con perdón. Se levantó furiosa y se dirigió al salón, pero antes de salir se volvió y me dijo con una mirada de hielo: “Pero lo que nunca te perdonaré es que arrancaras el limonero del jardín.” ¿Sabe, doctor? Nunca hemos tenido jardín porque vivimos desde que nos casamos en un piso del centro. Me que...

Terapia

-Verá, doctor, todo comenzó hará unos seis meses. Yo siempre he sido muy bueno en lo mío; mis superiores, sin excepción, me han tenido en la más alta estima. Nunca me ha faltado trabajo, a Dios gracias. Soy muy meticuloso, me obsesionan los detalles, tengo pánico al fracaso, tal vez por eso lo hago todo tan bien, nunca fallo, y tal vez por la misma razón me encuentro hoy en este estado, con esta angustia que me ahoga y con este miedo que se me ha metido en el estómago, esta ansiedad, este sufrir. Disculpe usted las lágrimas, doctor, no lo puedo evitar, me salen así, de pronto, y no me puedo contener. A veces me pasa incluso en pleno trabajo, y claro, la vista se me nubla y eso dificulta mis tareas; he cometido algunos fallos últimamente, estoy empezando a ser cuestionado y eso me perjudica bastante, la voz se corre y en poco tiempo todo el mundo lo sabe, y antes de que te des cuenta, una carrera inmaculada como la mía se va por el desagüe, te quedas en la puta calle, con perdón. Así ...

Obama

Que la guerra de Iraq es una guerra del petróleo parece bastante evidente incluso para quienes prefieren engañarse a sí mismos, que suelen ser los más hondamente engañados. El control político de Oriente Medio ha sido una de las prioridades estratégicas de los Estados Unidos desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Su señorío sobre los países productores de petróleo de la zona, hábilmente disfrazado de alianzas, acuerdos de cooperación o cualquier otra sutileza retórica que el gabinete estadounidense esgrimiese para despistar al personal, es una tiranía 'de facto' y profundamente hipócrita, porque para conseguirla no sólo se ha mentido con desfachatez sino que además se ha hecho apelando a los valores morales que tan a gala tienen los norteamericanos y por mor de los cuales se han creído históricamente legitimados para ejercer el liderazgo mundial; y también por el insensible desprecio por las vidas de millones de personas puestas en grave peligro que este comportamiento tir...

Has vuelto

Has vuelto a mis sueños. Me asaltas de madrugada y te introduces en mi mundo sin pedir permiso, arrasas mi inconexa realidad hecha de recuerdos desvirtuados y desgarrados jirones de vida que no se han acabado de desprender, pones un poco de orden aquí, algo de desorden allá, compones y descompones a tu antojo lo único inquebrantablemente mío, el jardín prohibido que invento cada noche para refugiarme en él, para ponerme a salvo de la otra vida que no sé manejar, que me desborda y me zarandea como un vendaval a una mariposa. Por eso fabrico en mis sueños una realidad a mi medida, en la que todo obedece a un orden diseñado por mí para mí solo, donde soy feliz por unas horas que a veces valen por toda una vida. Y apareces tú de nuevo, ahora que te creía olvidada, que me sentía seguro entre mis flores y mis abejas, intocable. Ni eso respetas, ni lo más sagrado. Nunca lo has hecho. No quiero hablar contigo, no te voy a seguir el juego; sé que si lo hago al final me convencerás de que ti...

Excesivas reflexiones

El mundo, si fuera perfecto, estaría hecho a mi medida; y esto no lo digo sólo porque yo sea un egoísta, sino porque he comprobado sobradamente que ninguno de los internos a los que le he expuesto este razonamiento se ha atrevido a ponerlo en duda. Y han sido muchos los que de manera explícita o tácita me han dado la razón, no por nada llevo casi veinte años en este manicomio, perdón, sanatorio mental, donde he tenido tiempo para reflexionar sobre cuestiones de toda índole, sobre todo las relacionadas con la naturaleza humana. Y he llegado a algunas conclusiones fundamentales en las que me apoyo para seguir viviendo sin volverme cuerdo. La primera es que cuando todo el mundo pierde la razón sólo los locos nos comportamos como si la tuviéramos. Hace unos meses, por ejemplo, hubo un terremoto de orden cinco en la escala de ese tío cuyo nombre nunca recuerdo, más que nada porque los terremotos, en mi tierra, sólo se dan de cuando en cuando. Pues ese terremoto desencadenó una histeria co...