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Roma

Roma es un buen sitio para perderse. Te sientes ajeno a tu tiempo, reconstruyes, con sus calles mágicas, el laberinto destruido de tu infancia; vagabundeas sabiéndote a a la vez que perdido, en tu sitio verdadero, en el que desearías estar para siempre. Pero te pierdes de todos modos, y te sabes perdido pero no quieres encontrarte ni que te encuentren, sino seguir perdido eternamente y alquilar una moto para perseguir al tiempo y detenerlo -‘Vacaciones en Roma’,Gregory Peck y Audrey Hepburn- o contemplar el tiempo en una fontana aguantando las ganas de lanzarte al agua y violar a una sirena -'La dolce vita', Anita Ekberg y Marcello Mastroiani-. Roma es caos y paz, multitud y soledad, serenidad y angunstia. Roma es eterna y fugaz; un suspiro que dura siglos; una perdición. Hay que perderse en Roma.

Sobre algo

Mañana -dentro de un rato porque no puedo dormir- viajaré a Roma. Me equivoco al pensar que voy a un sitio conocido, seguro, muy distinto de esos desiertos enclavados en culturas potencialmente hostiles, porque no hay situación más potencialmente hostil que la que genera un presidente de gobierno que no quita ojo del culo de una integrante del equipo diplomático de un país amigo en una reunión de mayor o menor importancia. Berlusconi es un enfermo que gobierna a golpe de instinto sexual -se dice que no es raro verle hacer lo que le sale de los cojones-. Tal vez haya más casos de gobernantes rijosos, pero como se toman la molestia de disimular no se les nota. ¿Y qué? Una exacerbada libido es perjudicial para un buen gobierno tanto como una velocidad elevada influye en la calidad del tocino. De acuerdo que un personaje público en el puesto de Berlusconi debería dar cierto ejemplo moral, pero el mismo argumento aplicado a otros personajes públicos no parace surtir efecto; verbigracia, Mar...

Sin ganas

Es complicado sentarse a escribir algo sin saber lo que se quiere escribir, y además sin tener ganas. ¿Entonces, por qué? Por amor al arte es lo primero que viene a la cabeza. ¿Qué arte? Ahí ya me he pillado. Arte es una palabra mayor, no aplicable a casi nada de lo que se escribe, ¿o sí? No lo tengo claro, porque no tengo claro lo que quiere decir 'arte'. El toreo es arte, dicen, como el flamenco o el silbo canario, pero no el funambulismo o el contorsionismo, habilidades que han sobrecogido en los circos los corazones sensibles de los niños durante siglos. Y ¿no son los niños los más aptos para decidir lo que es arte? Porque los niños tienen intacta la facultad de sobrecogerse, y el arte, creo, debe ante todo sobrecoger, sorprender, conmover, espeluznar. Con permiso de la mercadotecnia y de la crítica facilitadora. El arte es, por desgracia, el arte de moda, y la moda es muy manipulable. Entonces ¿por qué? Por qué se escribe, se pinta, se diseña, se compone música al dict...

Una teoría

Estoy en posesión de una teoría original. Es sobre la vida y el tiempo, que yo siempre he creído que son lo mismo. El tiempo que vivo en mi vida en realidad es múltiple hasta la infinitud y se repite infinitamente con infinitos yoes que son todos los yoes que he sido y que seré. La vida se replica a cada instante y permite la existencia simultánea de todos los instantes de tiempo que se han vivido o que aún están por vivirse. El Luis que escribe esto en este instante coexiste con el Luis que acabará este relato con la frase “No sé qué pasará”, y con el Luis que nació hace cuarenta y nueve años tras un parto sin complicaciones, y con el Luis que recogió almendras en el campo de mi abuelo, a los quince años, durante las vacaciones de verano, para ganar un primer dinero con que comprar una moto -y que después compró mi padre sin pedirme ese dinero ganado-, y con el Luis de cinco años cuya pierna quedó atrapado entre los radios de la moto de mi padre en Motril y que le oía gritar que i...

Te lo cuento

Yo cuento el cuento de una estrella sin noche, de un rumbo sin barco, de un llanto que llora una risa sin fin. Cuento un cuento sin final que no deja huella, esa huella fácil que solo está en el fin. Cuento cuentos sin contar contigo, cuento historias que dejan dormir, las olvidas con la rapidez de un parpadeo y no echas de menos principio ni fin. Cuento lo que invento sin que me lo pidas, y yo y los inventos nos llevamos bien: yo imagino un imposible idiota y ese pobre idiota ya vive sin mí. Cuento lo que siento sin sentir de veras, cuento lo que un tonto no supo contar, cuento lo imposible y hasta lo impensable que antes que yo alguno ya pensó por mí; y lo hizo posible, y no él sino el tiempo, que estropea los cuentos de nunca acabar. Cuento mis miserias, cuento mis mentiras, cuento mis anhelos, cuento mi verdad. Cuento tus sonrisas, cuento tus silencios, cuento los minutos que nos quedarán. Cuento sin descanso, cuento sin contar, cuento sin aliento si te cuento a ti. Cuento por ...

Roxana

  En mi pueblo nadie duda de los hombres-lobo, existen desde el inicio de los tiempos o al menos de los tiempos del pueblo y, aunque todos los temen han aprendido a compartir la vida con ellos; o más bien la muerte. Son un mal inevitable y se les acepta como a cualquier otro mal, de mala gana. Se convive, o mejor dicho se coexiste con los licántropos, porque no se comparte el tiempo salvo el muy fugaz de la muerte, ese instante repentino y atroz en que uno de ellos cae encima del elegido y con un mordisco brutal separa la cabeza del tronco de la víctima y mantiene su cuello desflecado y sangrante apuntando hacia la luna llena, después lo engulle y aúlla salpicando la noche de gotas de sangre aún caliente. A la mañana siguiente los vecinos encuentran una cabeza y un cuerpo separados por un charco viscoso, y pisadas violentas y frescas sobre el rocío de la hierba. Por eso, las noches de luna llena, cerramos y afianzamos puertas y ventanas y no se nos ocurre salir, salvo en ocasio...

Calumnias

No sé si nos hemos dado cuenta, pero estamos (existimos) en un estado de derecho que dispone de un sistema judicial independiente. Esto significa que por muy apegados que sigamos a la inercia de una dictadura que no termina de morir nuestras leyes son soberanas y lo que dicen va a misa. Me permito la ironía porque aparecen más a menudo de lo que sería democráticamente saludable juicios mediáticos más contundentes que los oficiales que trastornan, a veces de manera definitiva, la vida de algunos ciudadanos. Sólo pondré un ejemplo, aunque los hay a porrillo: el señor Buenafuente tuvo la descortesía de hacer un chiste fácil en su programa acerca de la atleta Marta Domínguez, merecedora de diversos galardones por su intachable carrera deportiva, y en aquel momento encausada por un supuesto delito del que quedó absuelta por completo meses después. Pues bien, el señor Buenafuente -un cómico excelente a mi entender- no se ha tomado la molestia de pedir disculpas a Marta Domínguez una vez a...